Los clavadistas que te encuentras en la famosa “Quebrada de Acapulco” son una de las razones por las que muchos viajeros se reúnen a ver las puestas del sol, de aquel puerto. Admirar su valentía de hombres pájaro ha sido un verdadero clásico del lugar y de todos los tiempos.

El primer hombre en lanzarse de la parte más alta del acantilado fue Rigoberto Apac Ríos, tal y como lo dice una placa frente al lugar y cada 23 de noviembre se conmemora el surgimiento de ésta tradición con una fiesta de tres días.

Pero sabías que dicha Quebrada ¿no es un lugar natural?, sino que fue creado por el hombre en dos etapas, cuyos trabajos fueron terribles.

Déjenme les cuento…

En 1799, el castellano del Fuerte de San Diego y gobernador de Acapulco; José Barreiro, inició los primeros trabajos a fin de abrir una cortadura en la montaña que permitiera el paso del aire y la brisa marina para refrescar los ardores del estío.

Ese rompimiento fue llamado el Abra de San Nicolás, pues quedaba cerca del Templo de San Nicolás Tolentino.

El paso se inauguró el primero de enero de 1800 y por razones económicas quedó inconcluso y en 1886, el coronel José María Lopetegui, reemprendió los trabajos para el arreglo de esta angostura de ventilación, pues el calor era insoportable para la población del puerto.

El proyecto era abrir en la zona un canal que permitiera airear el centro de la ciudad, los soldados removieron millares de metros cúbicos de roca, fue un esfuerzo sorprendente, los rayos del sol se estrellaban en sus cuerpos, pero la obra fue suspendida, la falta de recursos frenaron el avance en un terreno difícil.

Se pararon los trabajos quedando como se le conoce hoy en día y de ahí el nombre: “La Quebrada”.

A partir de 1934, jóvenes acapulqueños, descubrieron cómo tirarse un clavado desde las alturas en ese lugar. Se lanzan a un precipicio hacia las olas que se estrellan a 45 metros, a una poza de profundidad que no llega a cuatro metros.