En una campaña política hay tres factores que son fundamentales para que se lleve a cabo con éxito:

1) El financiamiento económico,
2) La operación territorial y
3) La comunicación política.

Estos tres ejes deben marchar al unísono si se quiere ungir como ganador, o bien, cumplir con el objetivo de una campaña electoral para la que fue prevista (que no siempre el triunfo es el objetivo).

Estos tres factores deben caminar con el rumbo de una estrategia clara y definida la cual siempre obedece a la investigación tanto cuantitativa como cualitativa. Porque, como en reiteradas ocasiones hemos suscrito, no basta con suponer que el electorado piensa tal o cual cosa, nunca hay que suponer y en política menos.

El análisis de datos de investigación, permiten iniciar una campaña cimentada con bases sólidas, saber qué, cómo y cuándo decir, saber qué cómo y cuándo operar. La lectura de la realidad tiene que mirarse a través de los datos obtenidos y no a través de un cristal sesgado que poco o nada ayuda a trazar la ruta mediática, política y electoral en una campaña.

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Ahora bien, al interior de una campaña hay intereses políticos diversos, tantos como opiniones y personas. Al interior de un Instituto político, también los hay. Las pugnas que derivan en negociaciones políticas al interior de un Instituto o entre partidos políticos, sin duda se han dado a lo largo de la historia de las elecciones. Pero el secreto es que no todas las pugnas y negociaciones deben hacerse públicas. De hecho, ninguna debería salvo que obedezca a una estrategia de la propia campaña política.

Es regla de principiantes en comunicación política, que, en una campaña política, siempre debe proyectarse la imagen de triunfo y b. Por ende, la política es menester de la esfera pública, pero no todo lo que pasa al interior del quehacer político debe hacerse público.

La unidad como sinónimo conjunción de esfuerzos, la unidad como asociación de solidaridad por el bien público debe ser inherente a toda estrategia de campaña, máxime en estos tiempos en los que todos los seres humanos están ávidos de certeza. Por tanto, unidad se traduce en un sinónimo de certidumbre que como concepto evoca una sensación de quietud ante el panorama social, económico y de salud que enfrenta la ciudadanía sin distingo de grupo socio-económico o ideología política.

Para el partido oficialista, la unidad gira entorno al Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador. Para los partidos de oposición, la unidad tendrá que girar en torno a la cohesión, evidentemente no de las ideologías políticas, sino de las necesidades en común que se detecten en la mayoría del imaginario colectivo de la sociedad que rompan con algo que parece complicado de romper y que está arraigado en la mayoría de los mexicanos: la culpabilidad de los Institutos políticos que gobernaron en el pasado de cualquier mala situación que se esté viviendo en el presente. Sin duda, nada fácil competir ante esto, pero eso es motivo de análisis de la siguiente entrega.

Twitter: @AlesandraMartin