Cuando escuchamos la palabra "depresión" generalmente la asociamos con tristeza y hasta con un estado de ánimo, incluso llegamos a usar el término como un adjetivo, pero vivir con éste trastorno es mucho más que sentirse triste, pues es un trastorno que provoca síntomas físicos, psíquicos y conductuales, lo que se dice fácil pero se vive muy distinto.

Tener un trastorno de depresión no significa solo sentirse triste, significa portar unas gafas de color gris que no eres capaz de quitarte, que cambian por completo tu visión del mundo y de ti mismo, pues a través de ellos, no te reconoces. La vida en gris la experimentas todos los días y comienza desde que te despiertas, sin ninguna motivación para levantarte y debes batallar hasta para eso, pero sabes que debes continuar y cuando logras sobreponerte y arrancar el día, todo continúa en gris, tanto lo que haces como con quienes te encuentras, todo parece igual y en muchos momentos prefieres rendirte e ir a tu cama que parece un refugio ideal porque a través del sueño, logras desaparecer por un rato y en ocasiones al despertar, el gris no es tan oscuro.

A veces dura tanto la visión gris, que olvidas los colores, a menudo no eres capaz de recordar si alguna vez viste a colores y te acostumbras, te acostumbras a funcionar en gris, en automático y te parece irreal que exista otra forma de ver la vida. Te acostumbras también a culparte, a estar irritable, a no dormir cuando deberías hacerlo y sobre todo, a tener una constante sensación de vacío y desesperanza. A menudo cuando la visión se torna más gris, te cuesta mucho trabajo ver hacia adelante pues solo logras ver bruma cada vez más oscura y llegas a pensar que no existe un futuro, que no hay nada más para ti. Es un momento muy peligroso porque desafortunadamente, mucha gente no logra ver nada más a través de esa espesa bruma y toma decisiones muy drásticas, como partir.

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Vivir en gris no es una decisión, por tanto las personas no pueden simplemente cambiar las gafas, es más, a menudo olvidan que las traen puestas y por eso se frustran tanto cuando alguien les sugiere dejar de ver en gris, como si fuera una opción para ellos, como si el vivir sin sentirse realmente vivo, como si ése vacío permanente y tan doloroso, fuera una elección. Esos comentarios provocan que se empañen aún más las gafas y por eso suelen apartarse de quienes ven a color, porque no solo no entienden que la visión es distinta, sino que los responsabilizan por ello.

Vivir en gris puede ser realmente incapacitante pues pierdes de vista incluso lo más cercano a ti, como tu familia, tu trabajo o estudio e incluso a ti mismo, pues la intensidad del gris suele variar. Sin embargo no todo está perdido y si bien es cierto que no puedes quitarte las gafas de un momento a otro, con el tratamiento adecuado, se van aclarando y llega el momento en que vuelven a ser transparentes y recuperas el color en tu vida, aunque muchas veces parece que es la primera vez que ves el mundo y a ti mismo, tal y como son.

Si has llevado las gafas mucho tiempo, no te resignes, pues con trabajo personal puedes cambiar la visión y recuperar el sentido en tu vida. Si conoces a alguien que vea en gris, comprende que lo que le sucede no está en sus manos y no trates de animarle, pues te vas a frustrar y la persona que ve en gris, lo seguirá haciendo.

Entendamos que los trastornos mentales no son distintos a otras enfermedades, que requieren atención y un proceso de recuperación, así como de empatía del entorno. El que los síntomas no sean claramente físicos, no quiere decir que no haya dolor y como cualquier persona que no se siente bien, lo que menos necesita es sentirse culpable por algo que está fuera de su control.

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Espero que lo anterior nos ayude a entender que la salud mental es tan importante como la física y que si realmente queremos ayudar, debemos empezar por dejar de juzgar y hacer recomendaciones como “echarle ganas”, simplemente actuemos como lo haríamos con alguien que tiene una pierna rota, que por más positivismo que le untemos, no sanará antes.

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