En las reuniones, Angie McKaig lo llama “pericerebro” en voz alta. Es cuando esta mujer de 49 años tiene momentos tan intensos de niebla mental relacionada con la perimenopausia que olvida a media frase lo que quiere decir. En ocasiones le ocurre cuando está haciendo una presentación para sus colegas de mercadotecnia digital en el banco más grande de Canadá, en Toronto, pero puede ocurrir en cualquier lugar: ha olvidado su propia dirección. Dos veces.

Los síntomas de McKaig fueron una sorpresa desagradable cuando comenzó a presentarlos en 2018, justo cuando su madre falleció. Tenía una menstruación irregular, bochornos, insomnio y pérdida excesiva de cabello, además de problemas de memoria que ella describe “como si alguien hubiera tomado mi cerebro y lo hubiera sacudido como en el juego de Etch A Sketch”, hasta dejarlo en blanco.

Pensó que podría padecer un alzhéimer prematuro o que estos cambios eran una respuesta física a su luto, hasta que su terapeuta le dijo que sus síntomas eran característicos de la perimenopausia, la cual se define como los últimos años de la vida reproductiva de una mujer que derivan en el cese de su periodo o la menopausia. Suele comenzar a los 40 años y se caracteriza por la fluctuación de las hormonas y una serie de síntomas mentales y físicos que son “suficientemente molestos” para que casi el 90 por ciento de las mujeres acudan con su médico en busca de consejos para afrontarlos.

McKaig es sumamente transparente respecto a su “pericerebro” en el trabajo, porque se dio “cuenta de lo poco que se aborda el tema, y de la poca información que nos proporcionan. Así que he intentado normalizarlo”, señaló.

Una estadística de la Sociedad Norteamericana de Menopausia que se cita con mucha frecuencia es que en 2025, más de mil millones de mujeres de todo el mundo serán posmenopáusicas. El estudio científico de la perimenopausia lleva décadas y el debate cultural sobre este cambio en la mente y el cuerpo ha alcanzado una especie de nuevo pico de frenesí, con varios libros sobre el tema que saldrán a la venta esta primavera y un grupo de empresas conocidas como “femtech”, que prometen asestar un golpe a la perimenopausia.
Si la experiencia de la perimenopausia es tan universal, ¿por qué casi todas las personas entrevistadas para este artículo comentaron algo parecido a “Nadie me dijo que sería así”.

“Escuchamos lo mismo: ‘Nadie me avisó, mi madre nunca me lo dijo’, y a mí también me sucedió lo mismo hace muchos años con mi madre”, dijo Lila Nachtigall, profesora de obstetricia y ginecología de la Facultad de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York, quien lleva 50 años tratando a mujeres perimenopáusicas y es asesora de Elektra Health, una empresa de telemedicina.

Nachtigall narró que su madre sufría los peores bochornos y que, aunque vivían en la misma casa cuando su madre presentó los síntomas de la perimenopausia, nunca abordaron el tema. “Eso formaba parte del tabú. Se suponía que debías sufrir en silencio”.

El velo de secretismo que rodea las funciones corporales íntimas de las mujeres es una de las muchas razones que citan los expertos para explicar la falta de conocimiento público acerca de la salud de las mujeres en la mediana edad, pero el análisis del entendimiento médico y cultural de la perimenopausia a lo largo de la historia revela cómo este rito de paso, a veces comparado con una segunda pubertad, se ha pasado por alto y no se ha discutido mucho.

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