La ahora conocida calle del Monte de Piedad, fue la primera y fue en 1757; ahora te lo cuento todo… Anteriormente se le conoció como calle de los Cereros, porque algunas accesorias de lo que hoy es el Monte de Piedad se hallaban ocupadas por vendedores de cirios y velas, empleadas para el culto en la Catedral.

En dichas accesorias, ubicadas en los bajos de lo que había sido las casas de Hernán Cortés, habían funcionado en los años posteriores a la Conquista talleres de guarniceros, silleros, espaderos, y talabarteros.

Todo se olvidó cuando llegó el empedrado y el nombre cambio a Empedradillo. Sucedió en 1757. Antes de ese momento inaugural, la ciudad se hallaba por calles de tierra y muy poca agua. Esta mejora embelleció el aspecto de esta breve calle y hacia desaparecer, al menos en ella, molestas polvaredas levantadas por el viento, fue recibida por la ciudad con satisfacción inmensa.

A partir de entonces, las principales calles de la capital novohispana fueron recubiertas con piedras de recinto.

Al chocar contra éstas los cascos de los caballos y al girar sobre ellas las ruedas de los carruajes, la Ciudad de México sonó de un modo distinto; un modo enteramente nuevo. Fue el sonido de una época a la que puso fin la llegada del asfalto.

En memoria de aquel acontecimiento que insensiblemente había transformado el modo de estar en la ciudad, durante un buen tiempo la gente llamó a aquel tramo el Empedradillo. Cuando la costumbre de la piedra se impuso en la Nueva España, la calle adquirió el nombre del célebre edificio que la habitaba; Monte de Piedad.