Una de las calles más antiguas, pues estuvo en la primitiva planta de la ciudad y se llamaba Calle Real, según José María Marroquí, Entre 1532 y 1584 se le conoció como calle de Diego López el Viejo, por haberse avecindado en el lugar uno de los primeros pobladores de la urbe.

El nombre se transformó a calle de La Palma, como le llamamos al menos desde el siglo XVII. El nombre fue durante mucho tiempo un misterio. Pudo aclararse gracias a unos papeles que conservaba aún Ignacio del Villar Villamil, duque de Castroterreño.

En la esquina de las actuales calles 16 de septiembre y calle de La Palma, hubo un amplio terreno que perteneció a Juan Rodríguez de Villafranca.

Se dice que Don Juan levantó en esa esquina un vasto edificio que luego adquirió a elevado precio un conocido vendedor de vino de la ciudad Juan de la Sala. Cuando los descendientes de De La Sala la recibieron por herencia y la pusieron en venta, la casona ya era conocida como la de la palma.

En una especie de jardín que tenía a un lado estaba una muy crecida palma, que podía ser vista desde la calle. Nunca sabremos de donde vino, ni cuál de sus dueños la sembró, Aseguran que la casona fue adquirida por el convento de Santo Domingo, y para entonces se hallaba tan deteriorada que a los frailes les fue preciso reedificarla.

En el tiempo en que se hicieron estas reparaciones, la célebre palma fue arrancada de raíz. Habia permanecido en pie el tiempo suficiente para dar a la calle un nombre que aún nos acompaña, e imponerse al que el gobierno de la reforma quiso darle, Miguel Lerdo de Tejada.