Éste tiempo transcurrido nos ha llevado a experimentar un conjunto de cambios que apenas estamos asimilando, pues se han presentado en todos los ámbitos de nuestra vida: desde el trabajo o escuela y la forma de llevarlos a cabo, como la rutina en casa, las precauciones al salir o el miedo a síntomas que eran comunes pero que ahora asociamos en primer lugar al COVID. Todos estos cambios nos mantienen constantemente en alerta, lo que se traduce en una sensación generalizada de agotamiento que ha llevado a que incluso las tareas más cotidianas se tornen complicadas.

Aunado a todas estas vivencias del día a día, se suma el hecho de que el trabajo o estudio en casa es mucho más demandante, pues nos exige una disponibilidad permanente y al no poder separar el espacio de estudio o trabajo del de descanso, mantenemos altos niveles de estrés que seguramente ya han influido en el desempeño de mucha gente, por medio de distractibilidad, falta de memoria o problemas de sueño, eso sin contar que para muchas personas ha significado también una preocupación económica al ver disminuidos sus ingresos o incluso haberse quedado sin ellos. Aunque abundan los consejos de “cómo aprovechar el aislamiento” a través de cursos, pasatiempos o nuevos talentos, lo cierto es que no estamos en condiciones de hacerlo y es mayoría la gente que tiene la sensación de no haber hecho nada en el periodo de aislamiento, esto derivado de las condiciones de estrés que atravesamos, que hacen difícil aprender nuevas cosas o incluso seguir haciendo las de antes.

¿Cómo podemos saber si lo que estamos experimentando es agotamiento? Podemos identificarlo a través una sensación constante de agobio, desmotivación e incluso tristeza. También podemos sentir que no somos capaces de cumplir con nuestro trabajo o que nuestras responsabilidades diarias son demasiado exigentes, lo que además añade culpa por sentir que no somos lo suficientemente aptos. Sin embargo tenemos que recordar que estamos viviendo una realidad completamente distinta para la que no tuvimos tiempo de prepararnos, por lo que es normal que sintamos que tenemos menos capacidad, pero es tan solo una consecuencia del estrés que estamos experimentando.

¿Qué podemos hacer para manejar el agotamiento?
Ser realistas nos permitirá ajustar nuestras expectativas laborales, escolares o en las labores de la casa, asumiendo que nuestro rendimiento puede verse afectado por el desgaste que implica enfrentar una situación como la que estamos viviendo. Establecer metas diarias nos ayudará a enfocarnos en el día a día y a reconocer nuestros logros para recobrar confianza. Seguir una rutina estructurada, nos devolverá la sensación de control y normalidad. Tomar pequeños descansos durante el día, nos permitirá lidiar con el agobio. Practicar alguna actividad física, ayudará a liberar tensión. Cuidar nuestros hábitos, tanto de alimentación como de sueño nos servirán para no descompensarnos. Buscar espacios de distracción para despejar la mente, es básico para lograr un balance dentro de tanto estrés. Expresar lo que sentimos, nos permitirá liberar emociones para no terminar explotando en algún momento. Podemos hacerlo hablando con alguien o simplemente escribiendo. Recordemos que toda esta situación exige de adaptación y los cambios no son sencillos, así que tengámonos paciencia y tratemos de ser comprensivos con nosotros mismos para poder reconocer el agotamiento que estamos experimentando y buscar las medidas necesarias para enfrentarlo. Entendamos además que es una situación generalizada, por lo que no somos los únicos que nos sentimos así y que si es necesario, podemos hablar con nuestros jefes o con los otros miembros de la familia para pedir ayuda y establecer nuevas estrategias para cumplir con nuestras actividades.

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¡Hasta pronto! Nos leeremos nuevamente desde el diván.