Si algo nos ha dejado claro ésta pandemia, es el hecho de que estamos interconectados con el mundo entero y muestra de ello, es que una enfermedad que comenzó en una pequeña ciudad de China, se ha extendido por todo el mundo. Tal como lo ha expresado el director de la Organización Mundial de la Salud (OMS) Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus se requiere de la cooperación conjunta de los países para enfrentar la grave crisis que estamos viviendo e incluso hizo un llamado a la unidad como humanidad pues no es posible enfrentarla desde lo individual pero entonces ¿por qué nos cuesta tanto trabajo ser lo suficientemente responsables para hacer nuestra parte?

Lo vemos diariamente en las personas que se rehusan a seguir las medidas básicas de protección como el uso correcto del cubrebocas, dejarse tomar la temperatura con termómetros infrarrojos (no, no matan neuronas ni roban líquido de rodillas) o incluso se niegan al uso del gel antibacterial y se molestan cuando se les impide la entrada algún lugar o tratan de “engañar” a los vigilantes tapándose la cara con la ropa para que no se den cuenta que ingresan sin cubrebocas. Eso sin contar los torneos de fútbol que son reportados a través de redes sociales cada fin de semana, o las fiestas que se siguen realizando a escondidas de la autoridad y no, no están burlando a la autoridad ni saliéndose con la suya, se están exponiendo a nada menos que morir solos en una unidad de terapia intensiva (si aún hay cupo), morir sin poder respirar en casa o lo que es peor, llevar a ese final a sus seres queridos.

¿De verdad no nos damos cuenta de la gravedad de la situación? ¿No entendemos que estamos en medio de una crisis mundial de salud, a merced de un virus casi desconocido que no tiene aún tratamientos comprobados ni vacuna? Cada día me sorprenden más las noticas sobre los nuevos hallazgos, tanto la transmisión que puede ser aérea por medio del aire acondicionado sin importar la distancia, como la capacidad del virus de generar coágulos en casi todos los órganos del cuerpo, no tan sólo en los pulmones, la duración de la enfermedad que ha postrado por meses a personas previamente sanas o las secuelas físicas e incluso mentales que se empiezan a observar en los sobrevivientes, no sólo por la permanencia en terapia intensiva y el uso de respirador, sino por razones aún desconocidas que han reportado alucinaciones e incluso ataques epilépticos en quienes son dados de alta.

Se culpa al gobierno, a China e incluso a Bill Gates por la enfermedad, pero lo que no queremos entender es que la única responsabilidad de cuidarnos y cuidar a los demás, es nuestra porque lo que podemos perder es la vida y a aquellos a quienes amamos. No puedo entender que para algunas personas pese tanto el “aburrimiento” o sus “planes frustrados” para salir del aislamiento y exponerse y exponer a los demás sin la más mínima muestra de responsabilidad personal y social. No hemos podido entender que el mundo no volverá a ser el de antes, pues tendremos que aprender a convivir con un virus que aún no comprendemos del todo. No hemos pensado que los millones de fallecidos que aparecen en las cifras mundiales, tenían nombres, familias, sueños y planes que dejaron inconclusos por ésta terrible enfermedad.

No, no es una gripe, no, no es un invento del gobierno ni una medida de control masivo, es una pandemia como tantas otras que han asolado a la humanidad y que no, no solo existen en los libros de historia. Es un peligro real, que está siendo atacado desde muchas trincheras como lo son hospitales y laboratorios, por soldados que no estaban preparados para una guerra así, tan desigual y donde no tienen aliados pues quienes deberíamos serlo, no somos capaces de hacer lo que nos toca porque nos da calor el cubrebocas, porque se nos olvida llevarlo, porque ya estamos aburridos o porque teníamos que celebrar tal o cual ocasión. No, no podemos seguir pensando tan estrechamente, no podemos ser tan ignorantes e irresponsables para no dimensionar el peligro que estamos enfrentando. Debemos entender que como humanidad, la única manera de sobrevivir, es la unidad pues el pensamiento individualista nos ha llevado a donde estamos, al pensar que lo que no me afecta, no me importa pues si todo esto se hubiera quedado en China, tan sólo hubiera ocupado algunos minutos en las noticias o algunos hashtags en redes sociales con su acostumbrado activismo virtual a través de palabras huecas de apoyo, pero no, nos está afectando a todos.

Tan nos afecta a todos, que te digo que cuando no usas cubrebocas o decides organizar una fiesta no estás exponiéndote tú, nos expones a todos. Cuando decides que de algo te tienes que morir, estás decidiendo también la posible muerte de alguien más. Entendamos de una vez que no necesitamos niñeras que nos regañen por no hacer lo que nos toca, asumamos nuestra responsabilidad social y dejemos de lado partidos, ideologías, creencias, razas y religiones, sumémonos como seres humanos, seamos conscientes de la situación que estamos viviendo y hagamos lo que nos toca, cuidando lo más preciado que tenemos, que es la vida, entendiendo que protegiendo la nuestra, protegeremos la de los demás.

Te pido por tod@s que te cuides, que uses cubrebocas y valores que ningún partido o fiesta vale más que tu vida o la de tus seres queridos.

¡Hasta pronto! Nos leeremos nuevamente desde el diván.